martes, 27 de septiembre de 2011
NO EXISTEN PALABRAS HUMANAS!
¿TODO SER HUMANO, POR SU NATURALEZA, ES CORRUPTIBLE? O ¿SOLO BAJO CIERTAS “CIRCUNSTANCIAS”?.
Los seres humanos siempre tienen necesidades que suplir, como la salud, la vivienda, el estudio, etc. Una de las tantas escusas que tiene el ser humano para realizar cualquier tipo de actos, con tal de “vivir bien”, sin necesidad alguna. La historia nos ha mostrado que ha habido corrupción desde mucho antes de que esta palabra apareciese en los diccionarios, empezando por Cain y Abel, pasando por los faraones del gran Egipto, la santa inquisición en el medio evo, hasta la ostentosa monarquía de los grandes países.
Se puede medir el grado de corrupción?. La gravedad de los actos de corrupción puede ser medida, en cierta forma, según la población afectada; claro está, no estoy mencionando que bajo ciertas circunstancias la corrupción tenga valides o justificación aceptable, robar es robar, así como hacer trampa es hacer trampa sea cual sea su motivo; ahora bien, lo que es claramente evidente, es que a través de la historia se ha observado que las personas que gozan de beneficios como un estatus social elevado, poder político, poder económico o tiene alguna posibilidad de tener una arma en sus manos, tienden a ser fácilmente corruptibles ya que tienen los medios suficientes para cometer ciertos actos de corrupción, así como el de afectar a una población determinada o una cantidad diferente de personas.
Existen actos de corrupción que, si bien no afectan nadie, se obtiene un beneficio personal. No es igual hacer un cheque falso a que un político tome descaradamente el dinero del pueblo y lo use para su beneficio. Cuando vemos que un miembro del gobierno nacional actúa bajo actos de corrupción aprovechando su poder político o declarando una “seguridad política o democrática”, y engañando a todo un pueblo que creyó en sus promesas de campaña, obteniendo así un beneficio personal con el dinero que a ciegas paga el pueblo por garantías que nunca ve. Podemos juzgar tales actos como catastróficos para nuestro país, ya que el afectado es el pueblo Colombiano en general, sin discriminación económica o status social. Cuando una persona del común, sin tener la necesidad de estar en un cargo público, comete fraude o algún acto ilegal, sin aprovecharse ni pasar por encima de los derechos de otras personas; puede ser visto como una corrupción sin repercusiones, o al menos justificable, claro está que estas justificaciones son vanas escusas que comúnmente se pasa por alto, pues hay “problemas más grandes” por resolver.
Lamentablemente, la justicia colombiana esta tan deteriorada y deformada, que algunas veces prefiere levantarse la venda que cubre sus ojos para mirar a quien favorecer, si al que le asegura una nueva balanza de oro, o al que esta arrodillado a sus pies.
Que se puede esperar de una sociedad que votan por candidatos enmascarados tras una cortina de buena fe, que cuando llegan a su lugar de comodidad tras un escritorio, exigen que se les aumente el sueldo, para mantener sus dos automóviles?, ni que las calles fueran tan anchas carajo!. Parece que volvimos a la época en donde el tributo era una forma de pago a los dioses que benevolentes nos miraban desde el cielo y nos amenazaban con inundar la tierra si no hacíamos un sacrificio. Con el dinero que con el sudor de la frente y el dolor de nuestras espaldas, ganamos tras arduas horas de trabajo, pagamos “tributo” a burócratas mentirosos que nosotros pusimos tras esos escritorios.
“El que roba una vez, lo hará de nuevo”, una de tantas frases que surgen de la conciencia colectiva que día a día ve como su “estado social de derecho” se desmorona desde su interior.
MARÍA ISABEL MONTENEGRO M.